La cooperación internacional ha emergido como un elemento crítico para gestionar la regulación de la inteligencia artificial, enfrentando desafíos sin precedentes debido a la naturaleza transfronteriza de estas tecnologías y la necesidad de armonizar marcos regulatorios divergentes entre naciones con valores y capacidades distintas.
Marcos Regulatorios Internacionales Emergentes
A nivel mundial, se han establecido múltiples iniciativas para crear estándares compartidos. El Framework Convention on Artificial Intelligence, adoptado bajo los auspicios del Consejo de Europa en septiembre de 2024, representa el primer tratado internacional vinculante específicamente dedicado a la gobernanza de IA. Este tratado, que ha sido suscrito por más de 50 países incluyendo la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Japón y Perú, establece un enfoque basado en derechos humanos, democracia y estado de derecho, con 26 artículos distribuidos en ocho capítulos.
Complementando este esfuerzo, los Principios de la OCDE sobre Inteligencia Artificial, adoptados en 2019 y actualizados en 2024, proporcionan cinco principios de valores y cinco recomendaciones no vinculantes pero altamente influyentes para las políticas de IA responsables. Estos principios han sido endosados por 44 países totales entre miembros de la OECD y países asociados de la GPAI, incluyendo en América Latina a Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú y Uruguay.
La Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, siendo el primer marco regulatorio integral del mundo, ha adoptado un enfoque basado en riesgos que categoriza los sistemas de IA según su nivel de peligro. Aunque su impacto global ha demostrado ser más limitado de lo que inicialmente se esperaba, sigue ejerciendo influencia significativa en productos regulados y plataformas internacionales. Su implementación será progresiva, con medidas entrando en vigencia entre 2025 y 2027.
Iniciativas de Cooperación Multilateral
La Global Partnership on Artificial Intelligence (GPAI), establecida en 2020 con secretaría en la OECD, representa uno de los esfuerzos más ambiciosos de cooperación. En 2024, fue reorganizada como una asociación integrada que reúne a 44 países de seis continentes en igualdad de condiciones. Esta plataforma busca cerrar la brecha entre la teoría y la práctica en políticas de IA, mediante el trabajo de tres Centros de Apoyo ubicados en París (Francia), Montreal (Canadá) y Tokio (Japón).
Más recientemente, la Red Internacional de Institutos de Seguridad en Inteligencia Artificial, lanzada en la Cumbre de IA de Seúl en 2024, agrupa a diez países y la Unión Europea con el objetivo de acelerar el avance de la ciencia de la seguridad en IA. Los miembros iniciales incluyen a Estados Unidos, Reino Unido, Unión Europea, Japón, Singapur, Corea del Sur, Canadá, Francia, Kenia y Australia, desarrollando acuerdos bilaterales para evaluar modelos de IA y establecer métricas comunes.
A nivel de Naciones Unidas, se han establecido nuevos mecanismos por resolución de la Asamblea General en 2025. Un Panel Científico Internacional sobre IA proporcionará orientación basada en evidencia sobre riesgos e impactos, mientras que un Diálogo Global de Políticas sobre IA facilitará la coordinación entre naciones. Estas estructuras crecieron de las recomendaciones del Órgano Asesor de Alto Nivel sobre IA en su informe de 2024.
Desafíos Críticos en la Armonización Global
La fragmentación regulatoria presenta un obstáculo importante. En 2025 se han introducido más de 1,000 proyectos de ley estatal o nacional, creando un panorama complejo donde los sistemas de IA deben navegar requisitos conflictivos según jurisdicciones. Los enfoques divergen significativamente: la Unión Europea enfatiza regulación prescriptiva, Estados Unidos mantiene un enfoque más flexible impulsado por el mercado, mientras que China combina regulaciones nacionales con controles estatales.
Otro desafío fundamental es la brecha en capacidades entre naciones. Reportes de la ONU indican que 118 países permanecen excluidos de las iniciativas de gobernanza existentes, mientras que la capacidad de desarrollar y regular IA se encuentra altamente concentrada en tres o cuatro potencias tecnológicas. Los países en desarrollo enfrentan déficits significativos en recursos, infraestructura digital, expertise regulatorio y capital humano especializado.
La falta de coordinación institucional entre los múltiples organismos trabajando en gobernanza de IA—incluyendo OCDE, GPAI, Consejo de Europa, UNESCO, G7, G20, WTO e ILO—ha dejado un panorama fragmentado y a veces contradictorio. Las instituciones adolecen de claridad en sus mandatos respectivos y mecanismos insuficientes de resolución de conflictos.
La Experiencia Latinoamericana
América Latina representa un caso de estudio valioso sobre cómo países de ingresos medios están adoptando regulación de IA. Brasil se ha posicionado como líder regional al aprobar la primera ley nacional de IA en América Latina en 2024, estableciendo un modelo tiered de riesgos que prohibe sistemas de riesgo excesivo, regula estrictamente sistemas de alto riesgo, y aplica obligaciones básicas a otros sistemas. Su marco es inspirado por la arquitectura de riesgos de la EU pero adaptada a contextos locales.
Perú, Argentina, Colombia, Chile y México tienen proyectos legislativos avanzados, la mayoría modelados en elementos de la regulación europea pero reflejando prioridades locales en derechos humanos, protección de datos y gobernanza democrática. Un patrón común es la necesidad de cooperación técnica internacional: México ha se ha beneficiado del apoyo del Reino Unido en el desarrollo de su sandbox regulatorio, mientras que iniciativas como la Alianza Digital UE-LAC están facilitando intercambio de mejores prácticas entre reguladores europeos y latinoamericanos.
Mecanismos Operacionales de Cooperación
Los sandboxes regulatorios han emergido como herramientas prácticas para la experimentación colaborativa. La Ley de IA de la UE requiere que cada Estado Miembro establezca al menos un sandbox regulatorio operativo antes de agosto de 2026, permitiendo establecerlos conjuntamente con otros Estados. El proyecto EU Regulatory Sandboxes for AI (EUSAiR) proporciona apoyo técnico y legal para harmonizar enfoques entre países.
A nivel de estándares técnicos internacionales, ISO/IEC 42001 (publicado en diciembre de 2023) establece el primer estándar global unificado para sistemas de gestión de IA, complementado por ISO/IEC 42005 para evaluación de impactos. Estos estándares permiten a organizaciones de diferentes países adoptar marcos coherentes mientras mantienen flexibilidad para requisitos locales.
Los acuerdos bilaterales están multiplicándose. El Memorándum de Entendimiento entre Estados Unidos y Reino Unido de 2024 incluye ejercicios conjuntos de evaluación de modelos de IA. La Unión Europea ha establecido un diálogo con la Oficina de IA de Estados Unidos para desarrollar herramientas de evaluación compartidas. Recientemente, China y Brasil firmaron acuerdos para establecer un Centro Conjunto de Cooperación en Aplicaciones de IA en 2025.
Fortalezas y Limitaciones del Sistema Actual
El sistema de gobernanza internacional de IA presenta tanto logros como deficiencias. Entre las fortalezas destaca el surgimiento de consenso alrededor de principios éticos fundamentales—respeto por derechos humanos, transparencia, accountability, no-discriminación. La multiplicidad de iniciativas ha creado dinámicas competitivas constructivas, donde diferentes países demuestran el valor de sus enfoques, y existe creciente participación de naciones en desarrollo en estos espacios.
Sin embargo, las debilidades son sustanciales. Existe una brecha entre aspiración e implementación, donde marcos ambiciosos carecen de mecanismos de cumplimiento efectivos o financiamiento para países de bajos ingresos. La gobernanza internacional adolece de lo que académicos llaman un “déficit de gobernanza”—deficiencias estructurales en los mecanismos existentes para alcanzar cooperación sustantiva ante competencia interestatal y desacuerdo sobre prioridades políticas.
Muchos países, particularmente en el sur global, se enfrentan a que regulaciones europeas de facto se conviertan en estándares globales no por consenso sino por el poder de mercado de la UE, cuestionando la legitimidad democrática de tales procesos.
Recomendaciones para Fortalecer la Cooperación
Académicos y organismos internacionales recomiendan fortalecer el régimen complejo existente de instituciones internacionales en lugar de crear nuevas mega-instituciones. Específicamente, proponen:
Posicionar la OCDE como centro de expertise donde países puedan ejercer presión entre pares para armonizar políticas y compartir lecciones aprendidas. Mejorar coordinación entre instituciones existentes—OCDE, GPAI, Consejo de Europa, UNESCO—mediante canales de comunicación regulares y resolución de conflictos de mandatos. Desarrollar definiciones comunes y technology-neutral de sistemas de IA que permita que políticas referentes sean más coherentes entre jurisdicciones.
Crear plataformas internacionales de aprendizaje regulatorio que permitan a países experimentar con diferentes enfoques dentro de marcos coordinados, reduciendo incertidumbre y facilitando innovación responsable. Ampliar capacitación en países en desarrollo mediante iniciativas de UNESCO, GPAI y otras organizaciones para construir expertise regulatorio local en lugar de crear dependencia externa.
Establecer acuerdos de equivalencia regulatoria, particularmente mediante mecanismos de comercio internacional, para que países con estándares sustancialmente similares puedan aceptar mutuamente la evaluación de conformidad.
La cooperación internacional en regulación de IA se encuentra en un punto de inflexión crítico. Si bien existen marcos emergentes promisores—el Tratado del Consejo de Europa, los Principios de la OCDE, iniciativas como GPAI—el sistema adolece de fragmentación, capacidades desiguales entre naciones, y déficits en coordinación institucional. Para América Latina específicamente, el liderazgo de Brasil y los avances legislativos en múltiples países presentan oportunidades de contribuir a estándares globales desde una perspectiva de mercados emergentes, pero requieren mayor acceso a cooperación técnica y recursos de capacitación internacional.
El éxito futuro dependerá de fortalecer instituciones existentes, construir puentes entre marcos regulatorios divergentes, y garantizar que países de ingresos bajos y medios tengan voz genuina en la gobernanza de tecnologías que afectan a sus poblaciones. La alternativa—regulación completamente fragmentada impuesta por poderes económicos dominantes—presenta riesgos significativos para equidad global, innovation sostenible, y protección de derechos fundamentales.